martes, 28 de enero de 2014

Estudio demuestra la existencia de células madre cardiacas



Timosina permitiría desarrollar células madre cardiacas necesarias para la reconstrucción del corazón infartado. La obstrucción de las arterias por el colesterol es una de sus causas.

Cuando un futbolista se lesiona en pleno partido, inmediatamente es sustituido por otro para que su equipo siga funcionando. Sin embargo, cuando un corazón sufre un infarto, el área dañada no se repara y el corazón tiene que apañarse con el resto de ‘jugadores’ para seguir bombeando, pero a otro ritmo. Ahora, científicos británicos han desarrollado un método para producir ‘reservas’ que sustituyan a las células muertas en un infarto y junto con las sanas puedan seguir funcionando igual que antes. Este trabajo, de momento sólo ha probado su éxito en ratones, pero es un gran paso para abrir la puerta a nuevas terapias.

INFARTO

El infarto de miocardio aparece por un riego sanguíneo insuficiente debido a la obstrucción de una arteria. En la mayoría de ocasiones no se presentan todos los síntomas, sino una combinación variable de algunos de ellos:

Dolor en mandíbula, cuello y espalda; dolor en el pecho; dolor en el brazo izquierdo, en algunos casos el brazo derecho; dolor en la parte alta del abdomen; dificultad para respirar; ganas de vomitar; pérdida de conocimiento; frío y piel húmeda.

Desde que se sabe que existen células madre en diferentes partes del cuerpo humano, los especialistas en cardiología han desarrollado numerosos estudios con dos objetivos. El primero es demostrar que también en el corazón existen esas células, capaces de convertirse en cualquier otro tipo celular. Por otro lado, también buscan una forma de utilizarlas como terapia para regenerar el tejido cardiaco. En definitiva, se persigue un método eficaz y seguro que transforme esas células primarias en nuevos componentes del músculo cardiaco que puedan restablecer la función de la zona infartada.

Se activan células madre
El trabajo, desarrollado por investigadores del University College London (Reino Unido), parece haber dado en el clavo de esa búsqueda. Estos científicos se centraron en las células progenitoras del epicardio que son las células madre de la membrana externa que recubre al corazón. En el embrión, ellas son capaces de transformarse en otras especializadas. Sin embargo, parece que cuando nos convertimos en adultos ya no pueden dar lugar a otras células. El logro de este equipo ha sido restaurar esa capacidad.

En primer lugar, inyectaron una molécula llamada timosina beta 4 en corazones sanos de ratones adultos. Posteriormente, los investigadores volvieron a inocular dosis de recuerdo de la molécula en los ratones que sufrieron un infarto. Esta sustancia desencadenó la activación de las células madre del epicardio que comenzaron a transformarse en nuevas células del músculo cardiaco y a integrarse con el resto de compañeras sanas del músculo cardiaco.

Como señala el principal responsable del estudio, Paul Riley, “podría imaginarme que un paciente con un riesgo alto de infarto de miocardio -bien porque tiene antecedentes familiares o porque presenta síntomas sospechosos para su médico- tome una pastilla basada en este experimento, en la línea de las estatinas, que pudiera preparar su corazón de tal manera que, si sufre un infarto, el daño pudiera ser reparado”.

No obstante, a pesar de los excelentes resultados, todavía queda mucho trabajo por delante. Aunque la tirosina permitió la formación de células adultas del músculo cardiaco, su número fue limitado. Los investigadores planean seguir estudiando el mecanismo para desarrollar un método más eficaz de transformar las células madre en células especializadas.

A esas limitaciones hay que unir los posibles riesgos. “Si esta molécula es capaz de transformar las células madre en otras, también podría ocasionar tumores. Por eso lo principal ahora sería estudiar la seguridad farmacológica de esa molécula. Este trabajo lo que ha hecho es probar un concepto, es una evidencia más de que las células madre existen en el corazón, en contra de lo que se viene enseñando en las facultades de Medicina. Sin embargo, todo el trabajo que queda por delante hay que hacerlo en un marco de seguridad y esto puede llevar muchos años hasta que se traslade al paciente”, concluye el investigador.


Fuente: http://www.diariolaprimeraperu.com/

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