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martes, 14 de enero de 2014

Japón diseña "supercomputadora" para desarrollar fármacos

La máquina ya cuenta con un diseño básico, por lo que se tiene previsto tenerla operativa este año


Tokio (EFE)

El instituto Riken de Investigación de Japón ha diseñado una "supercomputadora" que permitirá realizar estudios proteínicos a una velocidad inédita hasta ahora para el desarrollo de fármacos.

La institución, cuya financiación es pública, ya ha concluido el diseño básico y tiene previsto tener operativo este año el equipo en su Centro de Ciencias de Computación Avanzadas de la ciudad de Kobe, donde se aloja también la famosa "supercomputadora K" (la más rápido de Japón), informó hoy el diario económico Nikkei.

La máquina será capaz de generar, en tres dimensiones, modificaciones en estructuras proteínicas en un sólo día, unas 100 veces más rápido que el "superordenador K", que pese a ser más potente consta de unas funciones mucho menos especializadas.

Hitachi ha contribuido al desarrollo de la tecnología para el proyecto, que tiene un coste estimado de unos 800 millones de yenes (7,55 millones de dólares).

La velocidad con la que los investigadores son capaces de generar modelos en tres dimensiones de estructuras proteínicas y de los cambios que se producen en las mismas por efecto de la enfermedad resultan clave hoy en día para el desarrollo de nuevas terapias.

Ya que la biotecnología juega un papel cada vez más primordial en el tratamiento de enfermedades como el cáncer y que el uso de superordenadores es cada vez más común entre grandes farmacéuticas de Europa y EE.UU., el nuevo proyecto puede dar un importante impulso competitivo a las firmas y universidades niponas que lo empleen.

Dentro de su programa económico, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, busca convertir la investigación médica en un pilar básico del crecimiento económico nipón.

Fuente: http://elcomercio.pe

viernes, 22 de noviembre de 2013

Tokio: guía para no perderte de nada en este escaparate de tendencias

La capital japonesa ofrece un sinfín de atractivos a los visitantes: la torre más alta del mundo, tribus urbanas, una deliciosa gastronomía y mucho más



(EFE). Tokio, la capital de Japón, es una ciudad superlativa. Aquí vive la cuarta parte de la población del país; aquí está la torre de comunicaciones más alta del mundo; aquí hay un robot que sale a conversar con los visitantes de un museo diariamente; aquí miles de jóvenes visten y viven como si de personajes de manga se tratase… Tokio es digno de ver, digno de vivirse.

Para comenzar a definir Tokio, a explicar cómo es esta ciudad, resulta descriptivo decir que llegamos a su estación central tan sólo dos horas y quince minutos después de haber tomado el tren en Kioto. Son 600 kilómetros de distancia, pero los hemos recorrido en el “tren bala” a alta -altísima- velocidad y por poco más de 100 euros.

Es un ejemplo más de las avanzadas tecnologías aplicadas a todos los campos en este país, Japón, cuya capital es la quintaesencia de todo ello. ¿Cómo es Tokio? Difícil responder. Es diferente, muy diferente. Todo es superlativo en esta ciudad. Ejemplos de ello son la torre Skytree; el museo Nacional de las Ciencias e Innovación, en una isla artificial, o el archiconocido, gracias a la gran pantalla, cruce de Shibuya.

LA TORRE MÁS ALTA DEL MUNDO
Una de las grandes atracciones de la ciudad de Tokio actualmente es latorre Skytree, la torre de comunicaciones más alta del mundo (así figura en el libro Guinnes de los récords), con sus 634 metros de altura. Se ha diseñado con la forma de un imponente árbol cuya visión se pierde en el cielo si miramos desde abajo. La iluminación cambia en días alternos de los tonos azules a los tonos púrpura.

En el punto de los 350 metros, así como en el de los 450, los miradores de cristal permiten una vista impresionante de la ciudad siempre que la niebla (la altura de la torre gana a la de las nubes en ocasiones) lo permita.

Antes de acceder a la torre hay que pasar por el Tokio Solamachi, un enorme centro comercial de más de 300 tiendas, solo un ejemplo más de los muchos centros comerciales que se pueden encontrar en la capital japonesa.

Todos hemos oído hablar del metro de Tokio y sus empujadores y de los trenes japoneses y su moderna tecnología y altísima velocidad. Pues uno de los ejemplos más impactantes de todo ello es el Yurikamome, que es un tren sin conductor. Desde Shimbashi, este tren nos lleva hasta Odaiba, una isla artificial que se puede considerar un destino en sí misma porque cuenta con tantos atractivos que, si se quieren exprimir todos, será preciso más de un día de estancia.

La primera recomendación antes de tomar el Yurikamome es intentar subir en el primer vagón, para poder vivir la sensación de viajar sin conductor al mismo tiempo que se disfruta de las estupendas “postales” de la bahía de Tokio que nos ofrece el recorrido.

HABLANDO CON ASIMO
En Odaiba se encuentra el Museo Nacional de las Ciencias e Innovación que espera al visitante con numerosos descubrimientos y curiosidades atractivos para todos los públicos, algunos muy especialmente indicados para los niños. Podrá ver una reproducción del interior de una nave espacial, por ejemplo y comprar en la tienda de souvenirs algunos alimentos de los que llevan en sus “viajes” los astronautas.

Pero, sin duda, el mayor atractivo de este museo es Asimo, el robot que habla con el público y juega al fútbol con los visitantes. Actualmente, los investigadores están estudiando a Asimo con el fin de ver a qué grado de comunicación pueden llegar estos robots con los seres humanos. Un espectáculo el que nos ofrece Asimo digno de ver. Será uno de los recuerdos más curiosos que nos traigamos de vuelta a casa, sobre todo los más pequeños.

SHIBUYA, UN SÍMBOLO DEL IR Y VENIR DE LA CIUDAD
La palabra Shibuya quizá no diga nada a quien la oye o la lee, pero si explicamos que en Shibuya se encuentra el cruce de calles más abarrotado del mundo (al menos esa es su fama), que tiene semáforo rojo en las cuatro direcciones al mismo tiempo, lo cual permite que los peatones lo invadan por completo cruzando, incluso, en sentido diagonal, seguro que todo el mundo es capaz de traer a la memoria algún recuerdo, alguna escena vista en el cine de este punto de Tokio.

Igual de impresionante que ver la masa de peatones pasar de un lado a otro de este cruce es comprobar cómo buena parte de esa gente entra -más bien invade- el acceso al metro. En esta plaza se concentra la gente joven que la utiliza como punto de encuentro para encaminarse después a los centros comerciales, algunos de ellos entre los más famosos de la ciudad, como Shibuya 109, bares o restaurantes de la zona.

Porque Shibuya, y la cercana zona de Omotesando, son el centro de las tendencias de última hora de la juventud japonesa; tendencias que cambian a un ritmo vertiginoso, al mismo ritmo que el visitante puede ver pasar a su lado por las calles de la zona, a los grupos de jóvenes que van de acá para allá en sus rutas de diversión.

Sentarse en un café de esta zona de Tokio es disponerse a ver un espectáculo, un escaparate de la moda, de la vanguardia, representado por esos transeúntes que van y vienen de un lado a otro.

OMOTESANDO, LA MINICIUDAD DEL SHOPPING
Es una amplia avenida adornada con árboles en ambos lados y podría ser un lugar para un relajante paseo tras el que acceder al santuario Meiji Jingu, pero es en realidad un desfile continuo de gente -joven en su mayoría- que lo invade todo. Se conoce a Omotesando como una “miniciudad del shopping”.

Restaurantes, cafeterías y tiendas, incluidas las de muchas grandes marcas internacionales, se agolpan a ambos lados de la avenida. Las pequeñas calles que confluyen en Omotesando, alguna peatonal, incluso con pequeños jardines en el centro, más tranquilas, son una especie de prolongación de la pasarela de comercios que es la avenida.

EL TEMPLO DE LOS OTAKUS
La más especial de todas ellas es, sin duda alguna, Takeshita Dori, auténtico templo del manga, el paraíso de los otakus -seguidores del manga-. A un lado y otro de la calle se agolpan los comercios que venden todo tipo de artículos -ropa incluida- relacionados con los personajes del manga y otros ídolos de los adolescentes.

No se puede decir que se ha visitado Tokio si no se ha “perdido” un rato en Takeshita Dori, paseando -intentando avanzar entre la gente, más bien- entre grupos de jóvenes “cosplayers” -ataviados con la misma indumentaria que sus personajes favoritos- . Es una vivencia irrepetible. No sabe el viandante si se encuentra de verdad en una calle de Tokio o en un plató de cine al aire libre.

La zona de Harajuku es un área de concentración no solo de los cosplayers, sino de los fans de otros muchos estilos: Lolita, Kodona (victoriano), Visual Kei (de aspecto andrógino)… y un sinfín más, incluidos los más conocidos como los rockabillies o los raperos.

Para hacer un alto en el camino y tomar una cerveza o comer algo, muy cerca está 246 Common, una pequeña zona de puestos al aire libre con un agradable ambiente.

EL PARAÍSO DE LA ELECTRÓNICA
No se puede terminar un recorrido por Tokio, aunque sea breve, sin recorrer Akihabara, que es el “barrio de la electrónica”, auténtico paraíso de los aficionados a las últimas tecnologías. Las tiendas especializadas en electrónica e informática se mezclan con establecimientos de segunda mano en Electric City pero, sin salir del barrio, también hay grandes establecimientos dedicados al manga y al anime que hacen las delicias de sus fans.

Pero no solo hay tiendas. También hay bares y cafeterías temáticos dedicados a grupos musicales o figuras de la tele, el cine o la canción.

Y, si Akihabara es el barrio de los comercios de electrónica, el paraíso de la moda está en Ginza. Es el barrio comercial de Tokio y aquí se congregan todas las grandes firmas internacionales. Los escaparates representan una suerte de competición del lujo y la sofisticación; es una delicia pasear por delante, pararse a deleitarse en cada uno de ellos, incluso entrar en alguna de las tiendas y sentirse una “pretty woman”.

El cruce de las calles Chuo y Harumi es un punto neurálgico y quizá el lugar más representativo del barrio. Los domingos, las calles se prohíben al tráfico, se hacen peatonales y facilitan el paseo tranquilo y las compras. En el centro, mesas y sillas, incluso sombrillas, ocupan el lugar de los vehículos para facilitar un alto en el camino.

LA HORA DEL DESCANSO Y EL PALADAR
Es difícil hablar de gastronomía en Tokio. Por supuesto, no por falta de opciones de todo tipo, sino más bien por todo lo contrario. En esta ciudad, de la que se dice que es la mayor aglomeración urbana del planeta (en ella viven 12 millones de personas, la cuarta parte de la población de Japón), existe una enorme oferta de casi todo, incluida por supuesto su gastronomía.
Digna de mencionar es la calidad y frescura del pescado en muchos de sus restaurantes, condición imprescindible para que el comensal disfrute de cualquier plato pero especialmente del sushi o el sashimi.

Claro que, además de los platos más conocidos de la gastronomía japonesa, Tokio ofrece otras posibilidades muy originales aunque no alcancen la misma excelencia gastronómica. Uno de los platos que hay que probar es el okonomiyaki, una especialidad que los japoneses nos traducen como “pizza japonesa”. En realidad se parecen más a una tortilla con diferentes ingredientes y tienen un aliciente añadido: es el propio comensal quien la cocina, a su gusto, en su mesa.

Y, si difícil es recomendar en esta megaciudad un restaurante, más complicado es hacerlo en el ámbito del hospedaje. La oferta es muy grande en todas las categorías y se encuentra diseminada por toda la ciudad. Un ejemplo de hotel muy japonés aunque de aspecto muy internacional y, además, bien comunicado es el Niwa Hotel, muy próximo a la estación de Suidobashi del tren JR.

Es un establecimiento muy funcional, con habitaciones cómodas aunque no demasiado espaciosas, buen bufé de desayuno (equilibrado entre platos japoneses e internacionales) y bien equipado para los huéspedes en viaje de trabajo.

Cuenta con lavandería con máquinas lavadoras-secadoras y un pequeño gimnasio de acceso gratuito para los clientes.

Osaka: un sabroso recorrido por el Japón gastronómico

Esta ciudad japonesa destaca por el lugar privilegiado que ocupa la gastronomía en su vida diaria, sus calles y sus barrios



(EFE). Ya en el primer acercamiento, cuando el visitante solo lleva unos minutos en la ciudad, puede comprobar que Osaka cumple con todos los tópicos de las urbes japonesas. Los altos edificios, el gentío de acá para allá en sus calles, luces y rótulos de neón… Detrás de todo eso, descubrimos el genuino Osaka.

Cuando se entra en Japón por la ciudad de Osaka, el primer contacto con este país asiático no hace más que confirmar la imagen de meca de la tecnología y la vanguardia que el viajero ya tiene en mente antes de llegar. El motivo no es otro que un original aterrizaje en el aeropuerto internacional de Kansai, ubicado en una isla artificial.

Después, ya en un primer recorrido por la ciudad, se confirma el concepto de país moderno e innovador que todos, conozcamos o no Japón, tenemos de ese país. Sus calles, la gran cantidad de gente que por ellas deambula, sus edificios, las luces, los anuncios, la música…

EL AGUA
Y aquí, en Osaka, encontramos además algunos símbolos propios de la ciudad, como el agua. Sus canales y puentes, ya sean amplias pasarelas peatonales, ya las carreteras “volantes” que crean una especie de tela de araña sobre las calles de esta ciudad, dan testimonio de ello. Precisamente por su calidad de localidad portuaria, Osaka comenzó un importante comercio con China y Corea, hace ya cientos de años, que le valió el desarrollo comercial y cultural.

En algunos barrios, como Umeda, en el distrito de Kita, estas sensaciones se multiplican. Edificios de oficinas, grandes centros comerciales que albergan a las marcas más internacionales y exhiben lo último en moda en sus escaparates… Y, sobre todo, el ir y venir de la gente en las calles, en el metro, en el tren JR… Esto es Japón.

Un Japón en el que lo que brilla son las cosas más extremas, las más grandes, las más extrañas. Umeda es uno de los lugares más adecuados para sentirlo. Son tantos los centros comerciales que uno se pregunta si en realidad puede haber suficientes habitantes en la ciudad para dar actividad a todos. Pues sí, todos ellos tienen público aquí y allá, incluso filas para pagar en las cajas. Y los hay de todo tipo: El Hep Five tiene una noria de 106 metros y el Whity Umeda, en el subsuelo de la ciudad, es el centro comercial subterráneo más grande de Japón.

JAPÓN GASTRONÓMICO
Pero Osaka, que como muchas otras ciudades de Japón tiene en sus calles un auténtico escaparate de jóvenes ataviados según las últimas modas –las últimas porque son decenas las diferentes tendencias- y de grupos de seguidores del manga, sorprende al visitante por el lugar que ocupa la gastronomía.

Un lugar privilegiado que se descubre también en sus calles. Fundamentalmente en ciertos barrios. Porque si el área de Den Den Town, por ejemplo, reúne cientos de tiendas y negocios con las últimas tendencias de la electrónica y con todo lo que se pueda imaginar sobre el manga, hay otras zonas en las que lo que protagoniza la vida, diurna y nocturna, es la gastronomía.

Se puede observar con nitidez en el barrio de Dotombori, que podemos bautizar como el “gastrobarrio” de Osaka. Calles peatonales estridentemente alumbradas, semitechadas, a lo largo de las cuales se ordenan, uno tras otro y a ambos lados, restaurantes grandes y pequeños; de diferentes especialidades que se anuncian con gigantescas figuras de cangrejos, peces o el animal que protagonice la carta del local sobre la puerta y de cuyo interior suelen escapar hacia la calle las músicas más discordantes.

Conviven éstos con pequeños locales, incluso puestos, que prepara comida para llevar a casa o degustar mientras se pasea por la calle.

KUROMON, LA DESPENSA DE LA CIUDAD
Pero como un viajero que se precie no se empapa del lugar en el que está si no disfruta y prueba la gastronomía autóctona y, también, si no conoce el mercado de la localidad. No podremos decir que hemos estado en Osaka si no hemos visitado, por la mañana, el mercado Kuromon. Un escenario parecido al descrito anteriormente, de calles peatonales semitechadas, y tiendas de alimentos (pescado fundamentalmente) con el género expuesto en la calle –artísticamente expuesto en algunos casos- constituye una visita turística de las más atractivas. Deambular por allí al comenzar el día, parar en alguno de sus puestos, incluso probar un té amablemente preparado por el vendedor rodeado de decenas de tipos de esta infusión, resulta de lo más placentero.

Alimentos crudos, fundamentalmente todo tipo de pescado y mariscos, packs de sushi y otros platos envasados listos para llevar, dulces de todos los tamaños y colores… Allí es donde compran los ingredientes para su menú diario tanto los ciudadanos que elaboran luego el plato en su casa como los chefs que llevan la mercancía hasta las cocinas de sus restaurantes.

DOTOMBORI, EL “GASTROBARRIO”
Fue en esta ciudad, en el que hemos definido como “gastrobarrio”, Dotombori, donde se inventó el Sushi go around, una fórmula de restauración que se puede probar en el restaurante Malteen Shushi, en el mismo Dotombori. ¿En qué consiste el Sushi go around? Sencillamente en que las mesas están dispuestas de modo que todas están adosadas a un pequeño mostrador con una cinta desplazadora sobre la que están colocados los platos con pequeñas raciones.

Sin moverse de la mesa, el comensal toma de la cinta lo que le apetece y, si quiere tomar algo que no ve pasar ante él, tiene una pequeña pantalla (en todas las mesas) en la que puede desplegar la carta del restaurante y solicitar el plato que desee para que se lo preparen en el momento. Diferentes tipos de sushi, tempuras de pescados, mariscos o verduras… Un auténtico despliegue de la más genuina gastronomía japonesa al alcance de la mano.

También podemos ir “de brochetas” en Osaka. Así podemos definir la oferta del restaurante Kushiya Monogatari, cuya especialidad son los kushikatsu. ¿En qué consiste? Un palito en el que se han insertado los pedazos de carne, pescado, marisco… y que el comensal lleva a la mesa desde los mostradores del autoservicio; una freidora insertada en cada una de las mesas; un par de platos con los ingredientes para rebozar… ¡Y a cocinar y degustar sin esperar que el cocinero prepare tu comanda! Porque tú mismo rebozas y fríes los ingredientes que previamente has elegido. Resulta un original, informal y agradable modo de degustar la gastronomía nipona.

LA TRANQUILIDAD TAMBIÉN EXISTE
Pero Osaka no es solo la gastronomía y la modernidad. Es una ciudad japonesa y como cualquier rincón de este país contiene restos de la larguísima historia nipona. Una muestra es su castillo que, aunque ha sido reconstruido varias veces, data del siglo XVI.

Se alza en el centro de un gran parque que es uno de los lugares elegidos por los habitantes de Osaka para pasear cuando se abren sus jardines en la estación de los cerezos en flor. Su torre es un privilegiado mirador desde el que se disfrutan unas magníficas vistas de la ciudad. Y su entorno uno de esos lugares en los que se respira tranquilidad, una paz que no parece posible junto a una ciudad moderna y vibrante como esta.

No se trata de la edificación original, pero el Castillo de Osaka es todo un símbolo del poder y la historia de la ciudad. Y tras sus paredes alberga más de 4.000 objetos históricos que se exponen al visitante.

La oferta de alojamiento en la ciudad es amplia, pero lo más recomendable es hospedarse en un lugar céntrico para que las distancias no sean impedimento para disfrutar de la visita. Junto a la estación de metro de Namba, a muy pocos minutos a pie del mencionado barrio de Dotombori, está el hotel Namba Oriental, que se autodefine como un “oasis en la ciudad”.

Y es así. Se encuentra en una de esas calles peatonales plagadas de restaurantes, tiendas y pachinkos –enormes locales de máquinas recreativas ambientados con estridente música a todo volumen y llenos hasta la bandera de clientes a todas horas- en las que a cualquier hora de la noche parece mediodía gracias a la proliferación de luces y neones.

Cruzar la puerta desde la calle es una sorpresa, puesto que no accedemos directamente al hotel. Hay que tomar un ascensor que nos conduzca a la tercera planta del edificio donde tenemos la recepción y el resto de las dependencias del hotel. Efectivamente, tenemos la impresión de habernos trasladado a un lugar distante de la vida de la ciudad, tranquilo y silencioso. Esta sensación se agudiza más si cabe en el pequeño patio interior, presidido por una fuente central cuyo susurro contribuye a ese ambiente de tranquilidad.

Atención especial merece el buffet del desayuno en el Namba Oriental. Todo tipo de pescados y platos netamente japoneses se ofrecen al comensal. La primera impresión para el visitante occidental es, cuando menos, chocante. Si queremos imbuirnos del espíritu del lugar –por aquello de “donde fueres haz lo que vieres”- habrá que olvidarse del café con tostadas. Para los más inamovibles, no faltan algunos cereales y dulces con los que acompañar el café con leche en un desayuno más “de andar por casa”.